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viernes, 9 de septiembre de 2011

Un cuento para los más grandes



Uruguay tiene uno de los transportes públicos más caros de Sudamérica. El costo: 18 uruguayos equivalente a $4.5 en pesos argentinos. Son distancias cortas en Montevideo.

 En un viaje de 15 minutos de pronto sube una señora, más de 60 años, pide permiso y comienza con el típico cuento. Yo egoísta o como un reverendo hijo de puta, pongo mi cabeza en la ventanilla y no le presto atención.

De pronto esta señora comenzó a narrar un cuento y a pesar de que yo hacía fuerza para no escucharla logró atraparme y agrandar mis orejas, como las de un elefante.

Nunca leí a Jorge Bucay, pero por mi cargo de conciencia y por lo excelente que es el cuento se los quiero compartir.


El elefante encadenado 

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente:
¿Qué lo mantiene entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenia cinco o seis años yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia:
- Si esta amaestrado, ¿por que lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y solo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mi alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal acepto su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree - pobre- que NO PUEDE.
El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez




Y este cuento a terminado.

5 comentarios:

  1. ¿la vieja quería una moneda a cambio del cuento? Si es así, me parece bien y sino, también. Igual no soy muy fan de Bucay, es más, lo odio, pero el cuento deja una moraleja muy importante para todos los ninios: "si tienen un elefante, atenlo desde chiquito".

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  2. Yo no lo leí nunca, este me pareció genial. Y este cuento tiene moralejas pareceidas a las que dice mi amigo Felipe.

    Me gusta tu punto de vista Fq. ¿Vos que onda con la trompita? ¿En tu casa tenés un elefantito pequeño?

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  3. Había leído el cuento hace un tiempo, un par de años, y de hecho lo imprimí y lo pegué en un cuaderno de "reflexiones" y cuentos de ese tipo, con tapa de Winnie Pooh que no viene al caso, pero nunca más lo había vuelto a leer... es de esos cuentos que hay que releerlos cada un cierto tiempo cuando uno se ve estancado. ;)

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  4. Eso sentí sin haber leido nunca a Bucay. Es un gran cuento.

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